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Article by Jaime Lázaro – Photographs by Guido Bollino and Euan Myles






La luz se cuela desde el techo abuhardillado, reflejándose en las maderas claras de paredes y techos. Entre pequeñas casas de ladrillo con cubiertas de pizarra, en el distrito londinense de Stoke Newington, se esconde uno de los talleres artesanales más singulares y únicos del mundo. Lugar de peregrinación de muchos de los clientes de Bellerby & Co. Globemakers, la compañía fundada en 2008 por Peter Bellerby, quien no sólo ha recuperado este viejo y casi olvidado trabajo, sino que ha elevado esta labor artesanal a la categoría de arte. Las esferas se acumulan aquí y allá, dándole al espacio un aspecto casi onírico, daliniano, mientras un reducido ejército de expertos trabajadores da forma a cada uno de los procesos de creación. Sin duda, no es este un lugar apto para terraplanistas.

Quien más y quien menos ha tenido algún globo terráqueo de niño en su cuarto, ha imaginado viajes y destinos imposibles. Precisamente, esa es la intención de Peter Bellerby, que recuperemos esa tradición y volvamos a soñar con descubrimientos y tierras inexploradas mientras hacemos girar estos bellísimos mapas tridimensionales. Del taller de Bellerby & Co. salen al año entre 500 y 600 globos terráqueos de distintos tamaños. Desde el más pequeño, de 12 centímetros de diámetro y valorado en unos 1.300 euros, hasta el modelo Churchill, con sus imponentes 127 centímetros y un precio que roza los 80.000 euros. Y, para hacerse con algunas de estas fascinantes creaciones, hay que estar entre seis y nueve meses en una lista de espera. “El número de piezas que podemos llegar a realizar depende de los encargos que tengamos y de la complejidad de los proyectos; cada creación es única, y se hace por encargo. Muchos llevan complejas personalizaciones y algunos clientes nos piden bases talladas a mano con detalles muy elaborados. Para los que no quieren esperar tanto, cada mes hacemos algunos modelos pequeños en colores populares para entregar de forma rápida”, explica el fundador de la empresa.

Cada diseño de Bellerby & Co. es casi una pieza de museo. Una oda a la ciencia que exalta la estética y la belleza. ¿Cuánto tarda en fabricarse un globo? “No hay un tiempo exacto, cada uno de ellos es distinto. Depende del tamaño, los colores, la base y lo que el cliente quiera personalizar. “Algunos llevan semanas, otros meses o incluso años”, destaca Peter. Uno de los secretos del éxito de estos mapas esféricos es la posibilidad que tienen sus clientes de personalizarlos. Hasta el más mínimo detalle. Desde aquellos que quieren que se reflejen los orígenes y expansión de una familia, a los que prefieren que se represente la Ruta de la Seda, los animales típicos o cinegéticos de cada país, la esfera celeste con los signos del zodiaco, ilustraciones a medida o la luna con sus cráteres y mares incluidos. Cualquier cosa que el cliente quiera proponer y pueda plasmarse.

Todo empezó con un regalo. En el año 2008, Peter Bellerby, un conocido productor televisivo y agente inmobiliario, quiso sorprender a su padre por su 88 cumpleaños con algo especial: un globo terráqueo. Como lo que encontraba en el mercado no le gustaba o excedía su presupuesto, decidió fabricarlo él mismo. El proceso fue más complicado de lo que había previsto en un principio. “Siempre he sido muy terco”, reconoce, así que durante dos años experimentó una y otra vez con los más diversos materiales y técnicas. Se enfrentó a todo tipo de desafíos, como materiales que se rompían o dificultades con la cartografía, pero “no soy de los que se rinden fácilmente, cada día era un nuevo desafío”, asegura. Sólo el proceso de crear una esfera perfecta (tuvo que recurrir a un fabricante de Fórmula 1 para que le ayudara) le llevó a escribir un capítulo entero de su libro Los fabricantes de globos. “Superar obstáculos se volvió parte de mi día a día”, asegura.

Desde los humildes comienzos en su propia casa, la empresa ha ido creciendo para satisfacer la demanda, sin perder ni un ápice de calidad: “Dependiendo del día, en el estudio somos hasta 30 personas. En el equipo hay artesanos, pintores, carpinteros, metalistas, un grabador, un ilustrador y cartógrafos. Buscamos gente talentosa, con ojo para los detalles. Es clave saber frenar el ritmo, ser perfeccionista y tener muchísima paciencia”, explica su fundador, que siempre busca que su producción sea sostenible.
El proceso comienza con la fabricación de la esfera. Las de menor tamaño se elaboran en resina o fibra de vidrio, mientras que los modelos más grandes están hechos en finas y sólidas maderas, trabajadas a conciencia para lograr una superficie lisa y perfecta. Es uno de los procesos más delicados y precisos; el menor desajuste en el equilibrio y distribución de los pesos puede influir en el momento de hacerlo girar. Mientras que se consigue el orbe perfecto, el departamento de cartografía se dedica a elaborar el mapa. Es otro de los trabajos clave, las fronteras y los topónimos han de estar actualizados. Una vez terminado, se imprime en papel de alta calidad y se secciona en los gajos que han de ajustarse y pegarse al globo, un proceso que puede llevar más de una hora.

No cabe la más mínima imperfección: los cortes han de ser limpios y precisos como los de un cirujano; no se puede solapar ninguno de los fragmentos, tienen que ir al milímetro; ni quedar burbujas al encolar o que un mal movimiento pueda rasgarlo. Fallar en esta parte supondría tener que retirar todo el trabajo realizado y comenzar la operación desde cero. Una vez terminado y seco, se procede a pintar a mano con acuarelas todos los detalles, con tintas con una vida útil de entre 100 y 200 años, desde las profundidades de los océanos, ríos, fronteras, desiertos… y todos los detalles con los que el cliente lo haya querido personalizar. Tras aplicar varias capas de barniz, se coloca en la base, de metal o madera, de las más modernas a las más clásicas. La obra de arte estaría terminada y lista para ser empaquetada en una caja hecha a medida que la resguarde.
